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LO QUE BAILA
Muestra del laboratorio textil


Coordina Florencia Walfisch

 

"No diseñar una forma en el espacio sino deformar el espacio en torno a sí mismo, mover, deshacer, moldear. Dibujo mi silueta en movimiento sobre un papel, la recorto y la quito. Lo que queda es lo que baila."
Isadora Duncan

¿En qué momento una obra cobra autonomía? ¿Cuándo se vuelve susceptible de ser por sí misma y gana un modo de existir, de sostenerse?

Entre la necesidad y el deseo, dice Flor, en esa tensión, se abre mi práctica: tiro piedritas hacia adelante, y cada piedrita es una nueva pregunta. Carmen escribe: Algo que decir que se expresa en un espacio confinado; siempre es un espacio confinado dentro de un espacio mayor. Nidia trae la palabra testimonio.

La tomo: de lo inesperado, pienso, vinieron las mejorespreguntas. A veces termino un trabajo y siento que haría todo diferente. Pero el hacer dejó la pregunta más rica, más habilitante. La pregunta como algo vivo que vuelve a nosotros, a nuestro acto, a ese espacio más grande e inapresable. Casi desde el primer dibujo encuentro las obras como rastros. Indicios de algo que ocurrió y que las exceden. Veo el arte como un campo compartido e inagotable. Habitamos el impulso de la búsqueda y la posibilidad de una práctica instalada en lo poético como acto de existencia.

Una muestra de taller supone mostrar trabajos pero también hilar un devenir; invitar a una escena, a un territorio.  Dar cuenta de lo compartido no es una tarea fácil. Celebramos el privilegio de encontrarnos, aun en tiempos tan oscuros. Sabemos que en las obras no está todo, y -sin embargo- ahí están, siendo el único todoposible, cargando su paradoja.

A veces, en algún lugar, está el deseo de salir hacia otro. A veces, la necesidad es urgencia hacia uno mismo. Cada obra tiende su propio puente y abre la lógica de su propia poética.

Lo que se busca es poner en acto el momento en que retiramos nuestro cuerpo para que la obra se sostenga.

Miramos las piedritas arrojadas, sentimos la reverberación del movimiento, y -con suerte- se abre un nuevo vacío.

Lo que queda es lo que baila.

Florencia Walfisch
Noviembre de 2018

Participan
Nidia Bellene, Mariana Felcman, Florencia Cribilone, Rosendo Díaz, Carmen Noriega, Adriana Bianchi, Daniela Zitta, Lorena Giachero

Artista invitada
Rocío Coppola
Intervención en el espacio de entrada

PASADOS


 

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ROL
Laura Ortego . Lisa Giménez


Texto Lucas Marín

Todo lo profundo ama el disfraz
Gustavo Cerati

I
En la estructura social, cada uno interpreta su papel. Obedientes al propio amo que insiste en mantener el dibujo de una matriz identitaria, repetimos las redundantes frases, hacemos las muecas reconocibles, y los otros nos dan el reflejo consolador de nuestro rostro, el eco de nuestra voz. Llevamos a destino el legado de ser alguien. Y así entrar en el curso de la historia, en las fotos familiares, en el tiempo hueco. Ahí nos reconocemos, y los otros saben dónde encontrarnos.
El arte es uno de los modos de hacer explotar ese trayecto, esa línea progresiva, esa herencia.

II
Vemos aquí videos que son sesiones fotográficas.
Una foto familiar se vuelve un dispositivo para enunciar cada una de las vidas individuales, de su estancia en el tiempo y en el mundo. La ropa es envoltorio, como los roles y las poses que guardan latidos desconocidos para sí y para los otros.

Vemos fotografías que son performances.
Las miradas desafiantes replican la intensión de la artista que jugó con los modelos. Retratos donde se difumina el género para expandirse hacia lo escénico en ritos híbridos y de- contextualizados, con cuerpos que desdibujan sus edades y saben ser actores.

Las artistas de esta muestra, en los bordes de la fotografía, abren pequeñas fugas.
Lisa Giménez con su propuesta produce una conmoción extraña, sus modelos deben permanecer un rato (20 minutos), casi quietos a la espera del registro, y es ahí, tal vez por la percepción de un tiempo neutro, que la mirada de los retratados nos hace descubrir (junto con ellos) los velos de lo que los rodea; se desnuda el carácter escenográfico del contexto, sus atuendos pasan a ser disfraces y los parecidos familiares otro juego de máscaras. La neutralidad, buscada también en lo sobrio de los registros, delata paradójicamente una inquietud, las miradas se vuelven activas, los retratados parecen preguntarse: -¿Estoy aquí bajos estas ropas? -¿Yo soy esto que se ve?

Laura Ortego que también registra de un modo despojado, con un leve guiño hacia la fotografía de moda por un lado y al juego infantil de disfrazar(se) por otro, logra con una pequeña intervención, una desprogramación de la mirada. Los retratos pasan a ser teatrales, casi cinematográficos. Podemos ver ahí: un arlequín, un actor de una película expresionista con ropa de gimnasio, un extraño monje asexuado, un niño-grande con un collar sagrado, un ser medio mujer con algo de barba y pelos en las piernas, como si fueran rituales mínimos y andróginos.

III
La fotografía le roba a la pintura, negocia con la moda la repetición de los gestos, convierte en objetos de estudio a las personas dispuestas en espacios reducidos, separa en celdas las tipologías y calca las composiciones ya fijadas. Ella también ha perdido su papel.
Quien hace retratos fotográficos dispone su objetivo (cree que tiene un objetivo). El retratado se presta a dar lo que le piden, dona su cuerpo para desconocerse y desnuda así al fotógrafo, le dispara con sus ojos. Nadie está parado en su sitio. La imagen atraviesa los cuerpos.

El arte es hermafrodita, usa los géneros a su beneficio, los tiempos, los lenguajes, usa a los artistas. Nos enseña a salir de las actuaciones previstas hacia nuevos riesgos, a probar nuevas máscaras. Y así, ampliando los disfraces construimos nuevos órdenes de palabras y pensamiento, nuevos horizontes y disponemos los rostros hacia la fiesta del devenir.

Lucas Marín
Septiembre de 2018

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HIJOS DE MALA MADRE
Crustina Civale


Presentación de la edición 25º aniversario de su primer libro

Fragmento del prólogo escrito por Claudia Pasquini

"Toda generación se define por un punto que marca su antes y después. El nuestro fue aquel maldito 24 de marzo de 1976. Apenas empezábamos el colegio secundario cuando nos tatuaron la marca de la muerte: fuimos “hijos del Proceso”. Demasiado jóvenes para morir, ya grandecitos para alegar inocencia, quedamos huérfanos de hermanos mayores y crecimos de golpe sin terminar de madurar. Llegamos tarde donde no pasaba nada.
Este libro no nos acusa, juzga, sentencia ni amnistía. Aunque, como dijo Civale en otra ocasión, “de alguna manera escribir siempre es traicionar”. Los testimonios de los treinta referentes de opinión que eligió en 1993 como “fragmentos de una generación dudosa”, la nuestra -nacida en los 60 y hoy redondeando los 50-, arman un mapa que cruza coordenadas biológicas, históricas, culturales pero, sobre todo, bosquejan un autorretrato: el de los Hijos de mala madre. (...)
La nueva edición del libro, un cuarto de siglo después, le aporta otra dimensión: releer lo que pensaban, esperaban, soñaban cuando todavía no eran lo que son, da espesor y perspectiva a nuestro presente. ¿Ganaron? ¿Perdimos?"

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SHTURMOVIK
Germán Wendel


Curaduría Marcelo Pelissier

¿Qué es un artista sin sus obsesiones?

Siempre me gustó la pintura de Germán Wendel, siempre lo he considerado un gran pintor, un creador de atmósferas y climas fascinantes.
Pero no fue hasta ver su serie de aviones de la Segunda Guerra Mundial que entré en contacto con él. Tuve la certeza de que había un interés en común allí. Luego, charlando, descubrimos que la historia de esa guerra que partió el siglo XX al medio había sido un tema de lectura fundamental en nuestra adolescencia, y que lo sigue siendo hoy día.
Entonces surgió la idea de hacer esta muestra, cuyo nombre remite al de uno de los aviones soviéticos más emblemáticos de la guerra aérea en el frente oriental: el Shturmovik, terror de los tanques alemanes. Dejamos una pared completa sólo para la pintura que Germán hizo de esa máquina.
En las charlas previas a esta muestra, Germán me contó una anécdota con la que me sentí identificado y que, creo, vale la pena compartir: su analista le dijo al conocer sus pinturas actuales que, con su obra anterior, habitaba el mundo de la infancia, y con las nuevas, había llegado a la adolescencia. Yo espero que Germán siga habitando este estado por largo tiempo para continuar disfrutando estas imágenes que, en mi caso, remiten a largas horas de lectura adolescente.
En esta serie Germán retrata, en imágenes de clima sutil, el imaginario del bando soviético, sus ases del aire, sus máquinas, sus héroes y heroínas, pero más allá del dato histórico, más allá de formas reconocibles, lo que prima aquí es la pintura, su especificidad, su supervivencia en un mundo cada vez más tecnológico. Siempre digo que es muy difícil hacer pintura hoy, competir con la inmensa proliferación de medios, soportes y expresiones encontrando, además, un camino personal, una senda no transitada a lo largo de los casi 600 años de la historia de la pintura de caballete. Creo que Germán sale airoso del desafío.
Nostalgia, podría ser un concepto definitorio para la obra de Germán Wendel.
Nostalgia de la infancia, de la adolescencia, nostalgia de la historia.

Nostalgia de la pintura, que sólo se cura pintando.

Marcelo Pelissier.
Agosto 2018

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COPIAS IMPERFECTAS
Claudia CortinezAnalía Zalazar


Curaduría Marcelo Pelissier

Podríamos decir que cada espectador percibe a través de unos cristales de colores, diferentes en cada caso, y que el producto de esa percepción particular es una interpretación que deja necesariamente afuera muchos más elementos que los que incluye. Algún teórico llamó a eso “la ceguera de las interpretaciones”.
Yo soy un espectador sensible a las obras que hablan de la caducidad, la decadencia, los restos, las huellas, y otros elementos que remiten a la melancolía y creo que esos elementos tienen relevancia en esta muestra.
Tuve la impresión inmediata de que los trabajos actuales de Analía Zalazar y Claudia Cortinez estaban relacionados y podían dialogar en forma enriquecedora. Algo aparece en forma evidente: ellas usan el papel como registro; un material que es más frágil y efímero que eso que busca registrar. La fragilidad se cuela por todos lados, atraviesa las piezas que las artistas nos proponen, y nos atraviesa como espectadores.
Las cosas que registra Claudia Cortinez se presentan casi como fantasmas. Aparecen cual objetos efímeros, platónicos en su condición de copias imperfectas destinadas a desaparecer antes que eso que señalan, y a cuya superficie se han adherido para dejarnos su huella; puertas, columnas, rejas antiguas, sobrevivientes de un tiempo pasado cuya aparente solidez testimonian.
Ya sea que registre en cianotipos los objetos de la casa de sus abuelos o que se ocupe de copiar en grafito sobre papel las fachadas de edificios antiguos, Claudia nos habla siempre del paso del tiempo, de la caducidad de todas las cosas, y de lo difícil que es retenerlas en la memoria. Ella construye con paciencia poética un museo espectral, un registro amoroso y fascinante de una ciudad que ya no es y que pocos ven. La belleza y la pérdida, en suma, la esencia de lo melancólico, se anudan en estas piezas.
En un texto breve, Georges Didi-Huberman nos dice que:
“El exvoto anatómico se presenta por tanto como un fragmento delimitado según los recortes que el síntoma marca. Su tamaño natural significa a menudo el reflejo de aquello a lo que se ha sobrevivido, imita el proceso de la obtención de huellas” (1).
El autor explica que el exvoto que representa un fragmento corporal es un objeto influido por un acontecimiento superior, un síntoma: bien la desgracia sufrida, o bien la conversión súbita de la desgracia en milagro, de la enfermedad en cura. Se trata casi siempre de objetos-residuo.
No pude evitar cierta perturbación cuando vi los videos en los que Analía Zalazar envuelve partes de su cuerpo en papel y se pinta las uñas sobre ellos, o se maquilla los ojos y los labios. Luego, descarta esos envoltorios, esos pellejos de papel, que quedan como testimonio de esas acciones.
Recordé el texto de Didi-Huberman y comprendí que estaba frente a un ritual, un ritual de supervivencia, la necesidad de dejar algo atrás, de cambiar la piel, de transformarse; ofrendar esos restos, esos pellejos del pasado, al fluir del tiempo.
Objetos-residuo, exvotos, momentos de una vida, “restos de pruebas orgánicas elaboradas psíquicamente” (2) ante eso nos encontramos, en esa zona extraña, difusa, entre lo que fue y lo que comienza.
Analía y Claudia son dos artistas muy diferentes y, sin embargo, el tiempo, la fragilidad y la melancolía atraviesan su producción poética.
Vanitas al fin.

Marcelo Pelissier
Julio de 2018

* Georges Didi-Huberman, “Exvoto: imagen, órgano, tiempo”. Sans Soleil ediciones. 2013

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BiPA - BIBLIOTECA POPULAR AMBULANTE
Roger Colom


"La Biblioteca Popular Ambulante es un desastre sobre ruedas. En realidad es biblioteca porque son libros que están hechos con materiales populares, muy evidentes, con el papel más normal posible, encuadernados con tornillos. La idea es que no haya ninguna técnica en particular. En otras palabras, que cualquiera pueda hacer esto sin tener idea de lo que está haciendo, no hace falta ser un encuadernador, un poeta, no hace falta tener conocimientos de ningún tipo. El contenido es basura en un sentido literal, cosas encontradas en la calle y otros tipos de basura que como publicidad, volantes, desde prostitución, política (que para mi es lo mismo), dinero instantáneo, billetes de lotería, cualquier tipo de papelería pública que encuentras en la calle.
La idea es que estos libros que se van haciendo poco a poco, conformen una biblioteca del momento presente, no tengo idea que pasará con esos libros dentro de 20 años (me interesa muy poco), excepto en el sentido en el que puedan echar alguna luz sobre este momento. Esto es muy bejaminiano, esta imagen que ilumina el pasado. Tengo esa esperanza."
Esta muestra tiene, además, el cometido de presentar una serie de 12 fotos, editadas conjuntamente por la BiPA y Walter y que serán presentadas en un vistoso Álbum construido por la BiPA.

Conversaciones con Boleslaw
Paula Senderowicz


Selección de obras pictóricas de la artista y fotografías de su abuelo Boleslaw*

Curaduría Diego Guerra

La propuesta surgió de la voluntad de Paula, nieta del fotógrafo, de la puesta en valor del archivo que llegó a sus manos en 2013, así como de su apropiación y reelaboración desde la pintura.

Paula transcribe las imágenes al soporte pictórico, alterándolas y preservándolas a la vez mediante enmascaramientos, duplicaciones especulares y el añadido de capas de color que luego se levantan parcialmente. La operación rastrea en la pintura una equivalencia con los mecanismos fotográficos de transformación química de la materia por la luz, explorando las complejidades inherentes a la génesis de la imagen más allá de la impronta figurativa del documento fotográfico.

*Boleslaw Senderowicz: fotógrafo publicitario y de moda entre las décadas de 1940 y 1990, miembro de la Carpeta de los Diez y pionero de la fotografía artística en la Argentina.

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